Miguel Sánchez-Ostiz. Los días felices de Leache, la desvergüenza

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Resulta insólito que un procurador de los Tribunales en ejercicio que, en su calidad de representante procesal de bancos y otras instituciones, ha participado en juicios ejecutivos que conducen a desahucios, exponga fotografías tomadas durante el desarrollo de estos o una vez lanzados a la calle los ocupantes de las viviendas, atropellando con su cámara una intimidad vencida.
Y más insólito es que un centro oficial, sostenido por un partido político cuya ideología ha propiciado esos desahucios,  las exponga y que el Gobierno de Navarra que no se ha opuesto a ese estado de cosas, las publique con dinero público. Grotesco.
Se ve que a unos y a otros lo que hay detrás de las fotografías les importa un comino: a quien las hace, a quien las expone, a quien las materializa, a quien aplaude la faena  y a quien se calla, no vaya a ser que se indisponga. Lo que cuenta es la performance, la exposición, la fachenda. Una frivolidad de campeonato o un caso de radical mala fe y falta de escrúpulos.

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Se dice que el procurador de los tribunales Leache está conmovido. No se puede poner en duda, solo que si de verdad le hubiesen conmovido esos desahucios, no habría participado de manera activa en ellos a lo largo nada menos que de 5 años.
No es ayer, no son los últimos meses, son los últimos 5 años durante los cuales se ha agravado el drama criminal de los desahucios hasta acabar en los suicidios o en que haya 350.000 familias que en nada se van beneficiar de las mañas artísticas del procurador de la banca que les ha puesto en la calle.

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El procurador de los tribunales Miguel Leache no estuvo presente en los desahucios por obligación, sino por dinero.
El procurador de los tribunales Miguel Leache no estuvo en las casas de los desahuciados por solidaridad con estos, sino por dinero.
Leache no estuvo ni siquiera para hacer fotos, sino por dinero… miles de euros en concepto de minutas por desahucios en los últimos 5 años. Eso no se lo puedes reprochar a nadie porque va con su oficio.
El procurador de los tribunales Miguel Leache pudo haber desistido de su representación y si no lo hizo, fue por dinero, por no perder sus clientes: la banca.
Lo de Leache es abusar de la buena fe del público ya muy sensibilizado por el drama de los desahucios.
¿Por qué no se fue Leache? Por dinero. Es la única explicación posible. No es cierto que lo haga por una obligación ineludible. Mentira. Es el dinero lo que le mantiene unido a la infamia de los desahucios.
Ese montaje solo es creíble si quien denuncia desiste de actuar de una manera que, si juzga incorrecta y abusiva, es inmoral y cínica. ¿Cómo puede juzgar erróneo lo que le ha beneficiado económicamente? Le ha beneficiado y le beneficia ahora mismo exponiendo una obra (¿destinada a la venta?) y siendo beneficiario de un montaje y publicación millonarios pagados con dinero público que, dicho sea de paso, a otros artistas plásticos de esta comunidad que no tienen un emporio de procaduría de los Tribunales, se les cicatea, cosa que le consta a Manzanos, porque así lo ha dicho a los interesados.
De haber desistido de sus representación, Leache habría perdido sin duda sus clientes:  los bancos, las instituciones o las promotoras-constructoras. Antes el cliente, antes los jugosos honorarios, la situación profesional de privilegio, en estos y otros casos de la patronal bancaria, que el drama humano.
El procurador es parte activa, preceptiva, del desahucio, pero su presencia depende de él. Si no hubiese aceptado esos casos, no habría habido fotos, pero no había cobrado.
El procurador no estuvo allí presente  para sacar fotos y sentirse conmovido por lo que ayudaba a hacer, sino por dinero, solo por eso.
Hay muchos procuradores en Pamplona, y muchos abogados, más modestos desde luego, que no lo son de la banca. Esa es la cuestión, que son más modestos, que ganan menos. Hay abogados y procuradores que lo han sido de los desahuciados. Leache ha elegido libremente en qué lado estar, en el de la parte ejecutante.
Si de verdad estuviera en contra o conmovido, habría desistido, o habría pasado a ser procurador de desahuciados, que no es por lo visto el caso. Leache no, Leache ha seguido siendo procurador de entidades bancarias que practican a diario si no los desahucios, sí los juicios ejecutivos y, que se sepa, lo va a seguir siendo.

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¿Denuncia Leache la actuación de los bancos, la política hipotecaria, la negativa hasta ayer mismo  del gobierno y sus partidos afines a tomar en cuenta la iniciativa popular?
No, el discurso que adorna las fotografías es barato y el recurso al sentimentalismo encubre la actuación criminal de la banca a la que representa, por muchas fotos que cuelgue y pamemas que diga en público. Si se está en contra,  se está enfrente, no haciendo «arte» a costa de aquellos que están en la calle con su intervención profesional por representar, cobrando, a quien ejerce un derecho que se está revelando cada día más abusivo y asocial.
Vaga poesía del desahucio. ¿Cuándo tiempos felices? ¿A cuáles se refiere? ¿Qué sabe él si los hubo o no? Ignora a sabiendas el drama anterior al desahucio. Ese drama no se presupone, se cuenta o te callas…
Esos testimonio hubiesen sido creíbles si quien los da, hubiese renunciado  a participar en esos desahucios y en los juicios ejecutivos que los preceden. De lo contrario no son sino una justificación trapacera que resulta poco honorable: beneficiarse de la exposición y de la publicación oficial en su faceta de fotógrafo aficionado, lo que ya es el colmo. ¿Hubiese conseguido otro que no fuera él, el apoyo del servicio de publicaciones del gobierno de Navarra para una denuncia en forma de los desahucios y el sistema económico y social que los posibilita? No, seguro que no. Ni del servicio de publicaciones ni del Centro de Arte de Huarte
Triste, sobre todo triste.
¿Desvergüenza? No, más bien tristeza, mucha.

Los fotomontajes son del pintor Ramón Urtasun, alguien que no podrá beneficiarse jamás del trato de favor recibido por Leache en un entramado cultural que se caracteriza por el amiguismo más descarado.

Author: Pamiela

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