Una entrevista

CON MOTIVO DE LA CONCESIÓN  de la MEDALLA DE ORO a Altadill, Olóriz y Campión, el periodista Joxerra Senar, del periódico BERRIA, me hizo una entrevista. Como quiera que su contenido no apareció en las páginas del rotativo, pues el periodista lo que pretendía era hacer un reportaje con  entrevistas hechas a distintas personas, transcribo aquí las preguntas que a mí me hizo  y sus respuestas.

¿Qué opinión te merece la concesión de la Medalla de Oro a Altadill, Olóriz y Campión?

Refleja la condición de quienes la han concedido. Cada Gobierno busca espejos en los que mirarse y afirmarse. Es un premio selectivo y nada inclusivo. Y, además, como muchos otros, casi siempre se dan a hombres de buena posición y nunca a mujeres. Es concesión del Gobierno, sin participación de la sociedad navarra. Esta, mayormente, ignora quiénes eran tales ilustres prendas. En este sentido, el hecho puede servir para conocer cuáles son las supuestas señas de identidad históricas en las que un Gobierno sustenta su pensamiento político.

Es decir, ¿que se conceden las medallas a la gente afín ideológicamente?

Porque los argumentos esgrimidos para otorgarlas son un tanto rocambolescos. En este sentido, también podrían dado a título póstumo este premio, a Yanguas y Miranda, a Del Burgo padre, al conde de Rodezno, a Garcilaso, a Baleztena. ¿Por qué? Porque los argumentos esgrimidos para dárselos a Campión y sus compañeros serían los mismos: amor a Navarra, amor al euskera y contribución al conocimiento de la historia de Navarra. ¿Paradójico? Sí, pero no tanto.

-La razón principal que ha esgrimido el Gobierno de Navarra para la concesión de esta condecoración es el diseño de la bandera de Navarra. ¿Es realmente la bandera actual?

Bueno, según sus palabras, el Gobierno la ha concedido “por su aportación a la historia, la cultura y la identidad de la Comunidad Foral, y ser los artífices, a comienzos del siglo XX, del diseño de la actual bandera”. Meter en el mismo saco “historia, cultura e identidad de la Comunidad Foral”, es dinamita bien cebada. ¿De qué identidad hablamos? No entiendo cómo se puede caer tan ingenuamente en esta trampa. La identidad de la Comunidad Foral actual, muy diversa, tiene poco que ver con la concreta identidad que defendían Campión, Altadill y Olóriz para Navarra.

Y la bandera, ¿es la actual?

Basta comparar la bandera y escudo de Navarra desde, al menos, el siglo XIV hasta la Ley de Símbolos para comprobar que no es la misma, y que el franquismo y la derecha navarra, valga la redundancia, ha tenido mucho que ver en esta mentira bien camuflada. En el escudo siguen apareciendo las cadenas del rey Sancho VII supuestamente arrancadas en asalto a la tienda de Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa. Mito racista derruido por el arabista y euskaldún navarro Ambrosio Huici (estudiado por Roldán Jimeno), a quien sí que había que haberle otorgado dicha concesión, pues su contribución a la historia sí que es decisiva para conocer la verdad de un hecho capital, aunque ya se ve el caso que las autoridades le han hecho: despreciado por el jurado “navarrista” del concurso de 1912 en conmemoración de la batalla de las Navas, encarcelado y represaliado por el franquismo y condenado al ostracismo en su tierra. Esta medalla para sus detractores vuelve a ser la última afrenta.

Actualmente, la derecha se envuelve en esa bandera para denunciar, por ejemplo, la derogación de la ley de Símbolos. ¿Por qué, entonces, UPN ha denunciado como “error histórico” esta concesión, y niega que fueran sus creadores? ¿Por qué, a tu juicio, incomoda esta concesión a la derecha?

La derecha navarrista y española tiene razón. Esa no es la verdadera bandera de Navarra y, en efecto, los galardonados no fueron sus creadores, porque Navarra tenía su símbolo desde siglos antes, reconocido en toda la heráldica europea. Símbolo y soberanía que el unionismo no reivindicará. Y si la izquierda abertzale dice que esa es la verdadera bandera de Navarra entonces, la réplica de la derecha tiene su miga: “¿por qué aferrarse a la ikurriña como signo de identidad de los navarros?”. Pero, ¿quién puede creer a la derecha navarra si ha estado desde 1910 enarbolando esta bandera y, tras el golpe del 36, lo ha hecho con la laureada incorporada al escudo, hasta nuestros días? ¿Por qué durante este tiempo ha consentido una bandera, la de 1910, y ahora dice que se trata de un error histórico? El expresidente Sanz tendría que decir algo al respecto y no callar como muerto.

Altadill, Olóriz y sobre todo Campión abordaron durante su vida el proyecto en el conocimiento de la historia, cultura, euskera, antropología, etc. ¿Te parece importante el legado dejado? ¿Qué campo /campos investigados destacarías?

En el campo de la investigación histórica Campión y Olóriz como activista político y escritor. En el caso de Campión, sobre todo, en el ámbito de la Historia del Derecho y en el estudio de las instituciones claves para entender la Historia Medieval y Moderna de Navarra, alejándose de la interpretación cuarentayunista de Yanguas, que ha seguido el navarrismo andante. Aunque en su tiempo fue una aportación importante, hay que señalar que hoy esta obra se te cae de las manos. Y conviene indicar que las ideas de Campión en torno a la historia a secas y a la antropología son de recibo, de pensadores franceses y de alemanes a través de traducciones francesas. Tales ideas procedían de pensadores de la derecha europea, la más integrista y la más racista de la época: de De Maistre representante del pensamiento contrarrevolucionario, opuesto a las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa, y del conde Gobineau, de quien copia algunas de sus ideas relativas a la raza, sobre todo del delirante Ensayo sobre la desigualdad de las razas.

En cuanto a sus aportaciones al euskera, Campión aportó cierta dosis de sensatez al panorama caótico de la época, y su Gramática sirvió para frenar las lucubraciones extraterrestres lingüísticas de Sabino Arana. Pero Campión no estuvo solo en esta labor. Le acompañaron Azkue, Guilbeau y Daranatz.

¿Y como novelista?

En cuanto a su literatura, no aportó nada nuevo. La literatura de su época se regía por las nuevas tendencias del positivismo literario francés y español (Flaubert y Clarín, respectivamente), y él, como el meritorio Olóriz, no salió nunca del costumbrismo y sus tópicos arcaizantes. Utilizó la literatura como instrumento político haciendo que sus novelas se hicieran viejas nada más salir. Hoy son ilegibles. Mal tramadas y llenas de parlamentos soporíferos, además del maniqueísmo que las inspira, a pesar de tener una prosa elegante y bien escrita. Solo sirven como cuadros costumbristas de una época. Pero de gustos distintos está empedrada la recepción literaria. Ni que decir tiene que toda su obra, historiográfica, aportación al euskera y, no digamos ya su literatura, están más que superadas.

Altadill escribió una Geografía General de Navarra meritoria y que, para su tiempo, es un compendio inigualable. Olóriz fue autor de la Cartilla foral, y, sobre todo, fue el gran artífice de la organización y el triunfo de la Gamazada en 1893, y no Campión, como alegremente dicen algunos.

¿Políticamente, qué destacarías de ellos?

Campión fue integrista y “foralista, desde la lealtad a España”. Añádase lo que se quiera a estos dos conceptos, pero siempre aflorarán en sus conferencias y escritos.. Siempre repitió el mismo sonsonete, resumido en estas dos afirmaciones: “Yo soy católico, soy español y no soy ninguna otra cosa… Lo mismo, absolutamente lo mismo y con igual alcance y sentido repito. No sé si existe nacionalismo secesionista, pero declaro con la mayor solemnidad posible que el mío es unionista”. Y esta otra que recuerda a Cánovas: “Yo quiero una España unida por la fe, por los lazos espirituales de la civilización católica, por el sentimiento íntimo de la nacionalidad común”. Puro nacionalcatolicismo. En 1906, lideró la manifestación contra el proyecto de la Ley de Asociaciones Religiosas, del gobierno liberal En la alocución que se leyó, fruto de su mano, y que fue publicada en todos los periódicos, excepto en El Demócrata y El Porvenir, afirmaba que esta ley, que era solo proyecto, “violaba el derecho natural, el derecho constitucional y el derecho divino”. Era “fruto de las logias masónicas a donde debería volver”. Dicha estampa se volvería a repetir en 1910, siendo Canalejas presidente de Gobierno.

Resulta muy extraño, por tanto, que la derecha actual navarra haya cometido el error de rechazar la concesión de esta medalla a Campión, pues en este campo es campionísima total.

La figura de Campión destaca en aquella generación. Desde 1876 a los años 20, Campión aborrecía (creo) del carlismo, aunque fuera diputado integrista mantuvo polémica en los años 90 del siglo XIX con Nocedal -líder de los integristas-, aunque fuera liberal era enemigo acérrimo del centralismo, se consideraba más adelante cómo nacionalista pero no independentista… En un artículo reciente, mencionas que fue un tránsfuga político. ¿Por qué?

En 1876, redactó un escrito en el que defendía las instituciones públicas vascas desde una perspectiva fuerista liberal. ¿Paradoja? Sarampión de la edad. Poco tardaría Campión en atribuir al liberalismo todas las lacras que, según él, habían invadido Euskalherria, incluida la blasfemia. Era antisocialista. Consideraba el socialismo como “el último término de esa revolución anticristiana cuyas etapas culminantes son el renacimiento, la reforma y la declaración de los derechos del hombre”. Campión se alineaba en este campo con las tesis que defendía la Iglesia a través de su encíclica contra el Modernismo. ¿Quién fuera a decirlo? Campión en contra de los derechos del hombre, es decir, en contra de la libertad de pensamiento, de asociación, de expresión, de conciencia, de cátedra, etcétera.

Lo de tránsfuga político era lugar común entre los analistas políticos de la época. Sabino Arana dijo de él que “en muy pocos años ha sido liberal avanzado, fuerista, católico integrista, católico fuerista, Alfonsino, unionista de carlistas, integristas y fueristas”. No solo eso. Arana le acusaba de dar una imagen en sus escritos de patriota y nacionalista, pero, luego, en la práctica política se comportaba como un rabioso español.

Estos mismos cambalaches políticos, le atribuirían La Tradición Navarra, periódico del integrista Ramón Nocedal, y El Demócrata Navarro, que era canalejista-liberal. Campión, políticamente hablando, no era de fiar. Se acostaba liberal y se despertaba integrista y, por la tarde, se ponía el gorro frigio republicano. Y, menos mal, que dijo que no cambiaba nunca.

Según opiniones, aquella generación era navarrista (navarrista y vasquista) y defensores a ultranza del centralismo. Fueron impulsores de la Gamazada de 1893. A tu juicio, ¿por qué el navarrismo de hoy en día reniega de esa herencia política?

Su navarrismo estaba adornado por las tendencias más reaccionarias, provenientes del integrismo católico. Un navarrismo impermeable a los cambios políticos, sociales, culturales de la época. Campión, por ejemplo, rechazó la teoría de la evolución de Darwin aunque, tampoco, defendió el creacionismo. Es el mismo navarrismo que defendería nada más iniciar su andadura en 1903, Diario de Navarra, con el que guarda unas similitudes claras. El navarrismo de Fradúe, alias de Eustaquio Echauri, segundo director de Diario, poco se diferencia del defendido por Campión.

En cuanto al vasquismo se trata de un vasquismo espiritual, emocional y cultural. No en vano, Campion aborrece el término Euskadi, y defiende el de Euskalherría. Junto con Altadill y el benemérito Olóriz eran fueristas desde la lealtad a España. Nunca consideraron que la reivindicación del fuero otorgara a Navarra la consideración de sujeto histórico independiente de España. Lo mismo que la defensa del euskera.

Hermilio Olóriz fue el gran movilizador de la Gamazada, su líder indiscutible. Campión, que era diputado integrista, entonces, siguió lo marcado por el autor de la Cartilla Foral. No se entiende para nada que la derecha navarra rechace la herencia política de Campión, Altadill y Olóriz si es que resulta fácil testarla. Estaríamos ante una escenificación del enfrentamiento con el actual gobierno, al que trata de identificar con políticas y decisiones propias del nacionalismo vasco. Un oportunismo que utiliza obsesivamente, y que en esta ocasión se lo han servido en bandeja.

Mucho de ellos, eran católicos a ultranza. Campión, por ejemplo, fue antisocialista y anticomunista, y muy crítico con el anticlericalismo. Era parte de su ideología. ¿Crees por tanto que eso debería haber pesado a la hora de su reconocimiento?

No pretendo ser irreverente, pero Campión podría pasar por ser un meapilas irredento, es decir, un católico integrista e intransigente. Sus diatribas contra los blasfemos serán las más furibundas que se hayan escrito jamás en un periódico navarro, como las que suscribió en 1883, en Lau-Buru y reproducidas en La Avalancha en 1912.

Los valores para conceder medallas habrá que decantarlos más, pero seguro que nunca lloverá a gusto de todos. La ideología no tendría por qué mermar la validez de una aportación científica, cultural e histórica. No creo que fuéramos tan obtusos de negarle a Fleming, descubridor de la penicilina, dicha medalla por saber que sentía cierto fervor militarista.

Ezkerra y PSN lo han tildado de racista y xenófobo. Algunos han afirmado, que era “hombre de su tiempo” y que el eugenismo era una rama de estudio de aquella época. Zabaleta, por otra parte, afirma que son menciones de artículos de revistas sin garantía” e incluso niega que fuera racista. ¿Crees que la denuncia es echa sin mucho conocimiento, o que es uno de las ‘sombras’ de Campión?

La denuncia de Ezkerra y del PSN está fundamentadada. Campión era racista, xenófobo y antisemita. Su racismo sigue a Georges Vacher de Lapouge, al que Campión cita en su obra Los orígenes del pueblo euskaldún. En Consideraciones acerca de la cuestión foral, sostendrá: “La cultura euskara toleraba el makilla, rara vez homicida. La cultura ultraibérica ha puesto en manos de nuestros ribereños la cobarde, la villana navaja, el arma favorita de los chulos, tipo soez e innoble que, como una gangrena, se va enseñoreando del tipo español.” También, era antisemita, como lo es su novela Don García Almorabid. La descripción física del judío Salomón Asayuel la hace corresponder con el paradigma de su catadura moral interior. Lo mismo cabría decir de muchos párrafos de Altadill, contenidos en su Geografía General.

Y no, no son dos frases tomadas fuera de contexto (textual) las que avalan dichas sombras. Su racismo, xenofobia y antisemitismo estaban muy bien racionalizados. Y, tampoco, es cuestión del contexto político y social. Porque, si Campión pensó y escribió lo que todos pensaban y decían, entonces, ¿a qué viene valorar su obra tratándose de un remedo nada original? Desengañémonos. En su época, existieron otras fuerzas políticas, culturales, literarias y religiosas, que defendían otros modos de pensar e ideas, muy muy diferentes a las de Campión. Así que no culpemos al contexto de sus “meteduras de pata”.

Afirmas que Garcílaso y Campión comparte el mismo transfondo ideológico como ultracatólicos y defensores del euskera y Euskalherria. Si realmente Garcílaso lo consideraba como maestro, ¿por qué ese navarrismo se olvidó de Campión tras la guerra?

El “navarrismo” foral y español, y amante de Euskalherría, jamás abandonó tal inclinación, más sentimental que política. Basta con leer los articulos de Uranga Santesteban, Ollarra, sobre este asunto para comprobar cómo Campión está en el espíritu y la letra de este gallo monárquico y, por tanto, del periódico de Cordovilla. Diario de Navarra jamás se olvidó de Campión.  Jamás estorbó ideológicamente a dicho periódico. De hecho, en julio de 1972, DN publicaria en su colección el libro de Campión, Fantasía y realidad, presentándolo como “navarro ejemplar”.

– ¿Y por qué ese navarrismo fue desgajándose, poco a poco, de esa visión de Navarra y de su cultura unida al euskera y a lo vasco?

La visión de Navarra asociada al euskera nunca fue abandonada por parte de la derecha. La reutilizó a su manera. Y ahí están los escritos de alabanza al euskera por parte de Garcilaso, Baleztena, Rodezno, Del Burgo y el mismo Ollarra. Tuvieron la misma visión que tuvo Campión. El euskera estaba bien para rezar, pero no para hacer política, como han hecho después los nacionalistas separatistas de Euskadi. Ollarra dixit. El euskera, la lengua, era lazo espiritual de unión fraternal con el resto de las provincias, espíritu que animaron de forma singular los bascófilos de la Asociación Euskera de Navarra, desde 1877. Lo vasco es término político. La impronta que dio Arana a la lengua como garante del nacionalismo -en principio separatista-, no era la perspectiva que tenía Campión, que nunca fue secesionista, sino unionista, y en esto la lengua no estorbaba. Y otra faceta importante que hay que resaltar aunque no guste: la defensa del euskera en este país, desde la Asociación Esukara de Navarra, recayó siempre en manos de la gente más reaccionaria y conservadora, política y socialmente, como fueron estos bascófilos, luego los conservaduros de Diario y al alimón los carlistas, con los Baleztena a la cabeza.

Paradójicamente, su defensa pasó después a manos de los movimientos de izquierdas y el resto ya sabemos cómo fue. El discurso de la derecha, contradiciéndose pero sabiendo siempre que estaba mintiendo, hizo del euskera el signo por excelencia del terrorismo y del separatismo. Un final que sospecho, jamás hubieran comprendido Campión, Altadill y Olóriz. Y, tampoco, aceptado.

Ezkerra lo ha tildado de franquista, por un articulo firmado por Campión y que apareció en setiembre de 1936. Hay mucha polémica por la motivación real de esa firma. ¿Que opinas al respecto?

Campión nunca fue franquista. No tuvo tiempo de serlo. Con relación a su escrito apoyando a los militaristas facciosos, ignoro cómo fueron las cosas. Pero me da que, si a Campión con casi noventa años, ciego y enfermo, le dan a firmar un documento en el que se reconocía la superioridad de la merluza del Cantábrico a la dorada de Valencia, seguro que también lo hubiese firmado. Lo terrible no es que firmara dicha sevicia documental, pues ignoro cuál era su lucidez mental y su grado de autonomía, supongo que nula, en estos momentos. La vileza estuvo en los energúmenos que buscaron la firma de un anciano. Solo a una panda de criminales se les ocurre perpetrar semejante alevosía.

 

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