{"id":3394,"date":"2016-08-11T08:45:38","date_gmt":"2016-08-11T07:45:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pamiela.com\/bloga\/?p=3394"},"modified":"2016-08-11T08:45:38","modified_gmt":"2016-08-11T07:45:38","slug":"david-becerra-valle-de-los-caidos-documento-de-barbarie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pamiela.com\/bloga\/?p=3394","title":{"rendered":"David Becerra: Valle de los Ca\u00eddos, documento de Barbarie"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\n\t<em><strong><span style=\"font-size:16px;\">&laquo;Hasta que la democracia no condene el franquismo, ninguna iniciativa sobre el Valle de los Ca&iacute;dos impedir&aacute; que el enemigo deje de vencer&raquo;.<\/span><\/strong><\/em>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n\t<img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.pamiela.com\/bloga\/images\/cuelgamuros.jpg\" style=\"width: 680px; height: 319px;\" \/><span style=\"font-size:9px;\">Los golpistas en Cuelgamuros.<\/span>\n<\/p>\n<p>\n\t&nbsp;\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\tCada vez que alguien &ndash;desde Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero hasta Baltasar Garz&oacute;n, pasando por Manuela Carmena&ndash; sale con la ocurrencia de convertir el Valle de los Ca&iacute;dos en un monumento de paz y de concordia, me viene a la cabeza un cuento de Eduardo Galeano titulado <em>La desmemoria\/ 4<\/em>. En su cuento, el escritor uruguayo rememora el d&iacute;a en que visit&oacute; Chicago, una ciudad que observa llena de f&aacute;bricas y llena de obreros. Cuenta Galeano que al llegar al barrio de Haymarket pidi&oacute; a sus amigos que le mostraran &quot;el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo&quot;.\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\t&ndash;<em>Ha de ser por aqu&iacute;<\/em> &ndash;me dicen. Pero nadie sabe&rdquo;.\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\t&ldquo;Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los m&aacute;rtires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada&rdquo;, contin&uacute;a diciendo Galeano.\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\tSin embargo, en 1997, casi una d&eacute;cada despu&eacute;s de que Eduardo Galeano publicara su cuento en <em>El libro de los abrazos<\/em> (Siglo XXI, 1989), la plaza de Haymarket se acord&oacute; de los huelguistas que encontraron la muerte por reivindicar la jornada laboral de ocho horas. Una placa rememora desde entonces la lucha por los derechos de los trabajadores. Parec&iacute;a que al final se les hac&iacute;a justicia a los m&aacute;rtires de Chicago. Pero un grafiti nos recuerda que a veces las pol&iacute;ticas de la memoria, m&aacute;s que justicia, lo que llevan a cabo es una apropiaci&oacute;n, por parte de los vencedores, de la memoria de los vencidos. En la placa dedicada a los obreros muertos de Chicago apareci&oacute; una pintada que de un modo harto elocuente dec&iacute;a: &quot;<em>First they took your life. Now they exploit your memory<\/em>&quot;. Primero os quitaron la vida; ahora explotan vuestra memoria.\n<\/p>\n<div class=\"pb-ads megabanner\" style=\"text-align: center;\">\n<div class=\"content\">\n\t\t&nbsp;\n\t<\/div>\n<\/div>\n<p class=\"p1\">\n\tCuenta Walter Benjamin, en sus <em>Tesis de filosof&iacute;a de la Historia<\/em>, que &quot;ni los muertos estar&aacute;n seguros ante el enemigo si es que este vence. Y ese enemigo no ha cesado de vencer&quot;. Los muertos no est&aacute;n a salvo cuando su memoria se normaliza o se institucionaliza no para establecer una ruptura con el pasado, con el tiempo de los vencedores, de sus asesinos, sino para desactivarla pol&iacute;ticamente, para cerrar una herida que todav&iacute;a sigue abierta y sin cicatrizar. La colocaci&oacute;n de la placa constituye un intento de cerrar un pasado que todav&iacute;a sigue abierto, porque la causa de su lucha sigue vigente hoy. Los muertos no estar&aacute;n a salvo, ni su memoria justamente reconocida, si previamente no se condena a sus asesinos.&nbsp;\n<\/p>\n<p class=\"p2\">\n\tEsta reflexi&oacute;n, de corte benjaminiana, deber&iacute;a servir para articular una pol&iacute;tica de la memoria hist&oacute;rica en Espa&ntilde;a. Porque no hay placa que valga si la democracia no establece previamente una ruptura con la dictadura franquista. Y Espa&ntilde;a, desde la transici&oacute;n, sigue teniendo pendiente esta tarea. No se puede hacer memoria desde el consenso y la reconciliaci&oacute;n, sino impidiendo que el enemigo siga venciendo, esto es, impidiendo que el franquismo siga gozando de su impunidad.&nbsp;\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\tBautizar, por lo tanto, el Valle de los Ca&iacute;dos como &quot;El Valle de la Paz&quot;, como quer&iacute;a Manuela Carmena, convertirlo en un monumento de concordia y reconciliaci&oacute;n nacional, como as&iacute; lo pretend&iacute;a la llamada Ley de Memoria Hist&oacute;rica de Zapatero, o transformarlo en un &ldquo;Espacio de memoria&rdquo;, que es la propuesta del juez Baltasar Garz&oacute;n, aunque seguramente se traten todas ellas de iniciativas que persiguen la verdad, justicia y reparaci&oacute;n, en realidad no hacen sino un flaco favor a la memoria de los vencidos. Una posici&oacute;n cr&iacute;tica y radical frente al Valle de los Ca&iacute;dos no pasa por su resemantizaci&oacute;n, porque la historia no precisa ser reescrita o renombrada, sino &ndash;y volvemos a Benjamin&ndash; ser articulada pol&iacute;ticamente. &quot;Articular el pasado hist&oacute;ricamente no significa reconocerlo &lsquo;tal y como propiamente ha sido&rsquo;. Significa apoderarse de un recuerdo que relampaguea en el instante de un peligro&quot;, dej&oacute; escrito Walter Benjamin en sus <em>Tesis de filosof&iacute;a de la Historia. <\/em>Menos cr&iacute;pticamente, articular la historia pol&iacute;ticamente significa convocar, en este aqu&iacute; y ahora, a los muertos, a las v&iacute;ctimas de la historia, para que con la fuerza de su recuerdo podamos transformar el presente, un presente en el que siguen habitando impunemente sus asesinos. Un presente que no solo niega, silencia y olvida a los muertos, sino en el que adem&aacute;s se siguen sin anular las condenas que les impuso una dictadura ileg&iacute;tima.&nbsp;\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\tEl franquismo les quit&oacute; la vida y la democracia explota &ndash;utiliza, institucionaliza, banaliza, neutraliza&mdash; su memoria. Como les sucedi&oacute; a los m&aacute;rtires de Chicago. Como entendi&oacute; Galeano cuando, al final de su cuento, tras la in&uacute;til exploraci&oacute;n de Haymarket, se adentra en la mejor librer&iacute;a de la ciudad. &quot;Y all&iacute; &ndash;escribe Galeano&ndash;, por pura casualidad, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que est&aacute; como esper&aacute;ndome, metido entre muchos otros carteles de cine y m&uacute;sica rock. El cartel reproduce un proverbio de &Aacute;frica: <em>Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacer&iacute;a seguir&aacute;n glorificando al cazador&quot;<\/em>.\n<\/p>\n<p class=\"p1\">\n\tHasta que la democracia no condene, pues, el franquismo, ninguna iniciativa, responda a la buena voluntad que responda, impedir&aacute; que el enemigo cese de vencer. Es por eso que una pol&iacute;tica de la memoria no se puede hacer solamente con buenas intenciones. Ni monumento de concordia ni de paz ni de reconciliaci&oacute;n. El Valle de los Ca&iacute;dos, s&iacute;mbolo de la barbarie, del fascismo espa&ntilde;ol, construido por esclavos republicanos, no puede ir acompa&ntilde;ado, en su resemantizaci&oacute;n, por palabras amables que terminen por desactivar la memoria de los vencidos. Por ello, para hacer justicia, para devolver la dignidad a quienes murieron defendiendo la democracia, para articular pol&iacute;ticamente el pasado y hacer de verdad un ejercicio de memoria que no tergiverse la realidad hist&oacute;rica, habr&iacute;a que colocar, en el Valle de los Ca&iacute;dos, una placa que dijera: Esto es un documento de barbarie. Esta ser&iacute;a, en mi opini&oacute;n, la mejor forma de recordar el pasado, de recordar lo que supuso el golpe de Estado, la Guerra Civil y la dictadura franquista: barbarie. De lo contrario, seguir&iacute;amos glorificando al cazador. Aceptando su sentido com&uacute;n, su construcci&oacute;n cultural. Porque el Valle de los Ca&iacute;dos no es otra cosa que un documento de cultura que construy&oacute; el franquismo para legitimar su poder.<em> <\/em>Por eso es tan acertado denominarlo &quot;documento de barbarie&quot;, porque, y como dec&iacute;a Walter Benjamin una vez m&aacute;s, &quot;no hay documento de cultura que no lo sea tambi&eacute;n de barbarie&quot;. Porque ya les quitaron la vida, no dejemos ahora que adem&aacute;s exploten su memoria.&nbsp;\n<\/p>\n<p class=\"p3\">\n\t&nbsp;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;\n<\/p>\n<p class=\"p4\">\n\t<strong>David Becerra Mayor<\/strong> es doctor en Literatura Espa&ntilde;ola por la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid y autor de <em>La Guerra Civil como moda literaria <\/em>(Clave Intelectual, 2015).\n<\/p>\n<p class=\"p4\">\n\tPublicado originalmente en <a href=\"http:\/\/ctxt.es\/es\/20160803\/Firmas\/7527\/valle-de-los-caidos-primero-de-mayo-obreros-chicago.htm\" target=\"_blank\">ctxt<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&laquo;Hasta que la democracia no condene el franquismo, ninguna iniciativa sobre el Valle de los Ca&iacute;dos impedir&aacute; que el enemigo deje de vencer&raquo;. 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