Rodin en Pamplona: una bocanada de aire fresco, dijo el alcalde de la ciudad. No, pero sí. No, porque Rodin caldea y hasta incendia el aire que corre a su alrededor; pero sí, porque con su presencia ventila transitoriamente el patio de vecindad. Rodin, en Pamplona, con Los burgueses de Calais y junto a la Unidad triple y liviana de Oteiza. Rodin y Oteiza: dos hitos de una vanguardia cuyo propósito era traer a tierra a los héroes para que los mortales les mirasen de tú a tú. Un viaje de la escultura hacia el suelo, contra el pedestal, en el que Brancusi, Giacometti o Moore fueron conquistando territorios. “Había pensado -dijo Rodin al alcalde de Calais- que situando al grupo casi a ras de tierra”… Traer a los héroes a ras de tierra: crear un espacio donde simples mortales y héroes se confundan, confraternicen, contagien, conspiren. El alcalde de Calais, que parecía de Pamplona, contestó a Rodin que “c’était contraire à l’habitude“, que eso era contrario a la tradición. Sí, la estatuaria tradicional tiene por misión subir a un pedestal a santos, héroes y mártires para que se les mire de abajo a arriba. Bien sabido es eso en Pamplona, donde la última estatua colocada por la alcaldía es la de un papa encaramado en una rotonda urbana -no hablemos del Sagrado Corazón que fue aupado hace poco a lo alto de un terraplén-. Frente a eso, Rodin es toda una bocanada de aire fresco. Aire fresco, aunque al haber liberado al cuerpo de su tradicional y vergonzante papel de largo pedestal de la cabeza, Rodin irradie una sensualidad que sube la temperatura hasta la incandescencia. Aire fresco, si se recuerda el calor irradiado por el propósito utópico de ciertas vanguardias. “Había pensado que situando al grupo casi a ras de tierra”… Pero el grupo de Los burgueses… aparece disperso y desorientado en la plaza del Castillo. Hasta la escultura de Oteiza está un poco más arriba de donde él la dejó. Malos tiempos para los aires contrarios a la tradición. Dispérsese, señor Rodin.
Javier Eder en Pamiela.com
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